…makoto ni moshiwake gozaimasen.
Ya advertí que una de mis múltiples facetas atormentantes era una insistencia enfermiza con la cosa japonesa, insistencia convertida en persistencia desde que caí fascinada por Mishima al leer la biografía que el psiquiatra Vallejo-Nágera hizo sobre este autor exhibicionista, genial y suicida con un título sin duda ajustado: Mishima o el placer de morir.
Más allá de los tópicos sobre suicidios rituales y geishas incomprendidas, Japón no deja de tener una cercanía castellana que me cuesta mucho explicar. Este post es el primero de otros en los que espero poder aclarar esta teoría.
La frase en japonés que titula este texto está sacada de una anécdota de un opúsculo la mar de entretenido, “Introducción a la cultura japonesa” de Hisayasu Nakagawa, en la que el autor, japonés afrancesado, nos cuenta el siguiente sucedido. Estando montado en un avión de la JAL, por la megafonía del aparato informaron al pasaje primero en francés y luego en inglés de que, debido a una huelga de controladores aéreos, el avión saldría con retraso. Llegados al momento de soltar la misma retahíla en japonés, ésta se inició con la frase del título que no estaba incluida ni en la versión francesa ni en la inglesa. La traducción a lo indio literal sería “Señoras, Señoritas, Señores, dado que están cansados realmente excusas no hay” o, dicho correctamente, “Es verdaderamente inexcusable anunciarles lo siguiente”. Teniendo en cuenta que cojo el metro de Madrid a diario y que, llegada a casa, me cruzo con un vecino modelo “conozco mis derechos” que es capaz de dejar que le abras la puerta y que le cedas el sitio en el ascensor sin dar ni las buenas tardes, comprenderéis por qué quiero ser japonesa. Si ya lo dicen los japoneses: “excusas no hay”.






11 de Abril de 2006 a las 11:12
Tienes razón. Hasta en el sitio más cutre de Japón te hacen sentir el cliente más importante del mundo. Es una gozada
17 de Abril de 2006 a las 21:27
[...] En fin, que llegada a una edad provecta y un tanto harta del transporte público (como ya os he comentado en otro post) me he animado a seguir el Bici-do con el objetivo de alcanzar el Moto-do. A la manera del Bushi-do (el camino del samurai), he dedicado los días de Semana Santa a seguir el Bici-do, el “camino de la bici” o el arte de no esmorrarse por los desmontes. Puedo decir, no sin satisfacción, que he cumplido plenamente con la fiesta cristiana al convertirme en un ecce homo viviente, trasladando a mi cuerpo mortal buena parte de las marcas del pavimento y demás protuberancias de la bicicleta. En lo de la conducción, soy menos optimista: si bien mantengo el equilibrio (mi inicial preocupación), por el momento no se me puede dejar salir de un circuito cerrado, ya que necesito soledad para la ejecución. [...]
13 de Enero de 2007 a las 20:32
[...] Como ya comenté, Mishima y su manera de morir fueron mi primer acercamiento a Japón. Me lo ha recordado el artículo que he leído en En el limbo sobre una de sus obras, El rumor del oleaje. [...]
5 de Enero de 2008 a las 11:46
[...] ya comenté, Mishima y su manera de morir fueron mi primer acercamiento a Japón. Me lo ha recordado el [...]